Domingo, 19 de abril de 2026
Nuestra parroquia despide a Angelita Blasco
Después de más de treinta años de servicio a la comunidad parroquial
Domingo, 19 de abril de 2026
Nuestra parroquia despide a Angelita Blasco
Después de más de treinta años de servicio a la comunidad parroquial
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Nuestra comunidad parroquial vivió el pasado viernes un momento entrañable y profundamente significativo: la despedida de Angelita Blasco, quien, tras más de treinta años de entrega generosa, inicia una nueva etapa de su vida en una residencia, con el deseo de dedicarse con mayor intensidad a la oración, con sosiego, paz y serenidad.
Al término de la celebración de la Santa Misa, un numeroso grupo de feligreses compartió con ella un sencillo refrigerio, en un ambiente de cercanía y gratitud, donde recibió diversos obsequios como signo del cariño sincero de toda la parroquia.
Nuestro párroco, D. Pedro, expresó en nombre de todos un profundo agradecimiento por la incansable labor de Angelita, especialmente en Cáritas Parroquial, donde ha sido reflejo vivo de la caridad cristiana hacia los más necesitados de nuestro barrio, su compromiso al frente de la Adoración Nocturna, de la que ha sido responsable muchos años y su dedicación en la Cofradía de la Virgen de los Desamparados, de la que fue camarera en 1997.
De manera especial, D. Pedro, quiso subrayar su ejemplo de fidelidad cotidiana: su participación en la Eucaristía y su perseverancia en el rezo del Santo Rosario, pilares silenciosos que han sostenido su vida de fe y han edificado nuestra comunidad.
Aunque Angelita no vivía dentro de los límites de nuestra demarcación parroquial, por apenas unos metros, su cercanía y entrega la han hecho profundamente nuestra. En esta parroquia ha vivido momentos muy especiales de su vida: aquí conoció a su esposo y aquí celebró su matrimonio, entre otros.
Hoy, al comenzar esta nueva etapa de retiro y oración, le encomendamos una misión distinta pero igualmente valiosa: seguir sirviendo a la Iglesia desde la ofrenda silenciosa de su vida y la oración.
Con emoción y esperanza, encomendamos su camino al Señor, confiando en que seguirá siendo testimonio vivo de fe. Su ejemplo permanece entre nosotros, recordándonos la alegría de vivir en una parroquia unida, donde cada persona, desde la sencillez de su entrega, hace presente el amor de Dios.
¡Gracias Angelita! ¡Que Dios, le bendiga siempre!